El cambio climático (antrópico): ¿Una emergencia de salud (pública y laboral) global plagada de “pandemias invisibilizadas”?
Cristóbal Molina Navarrete.
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social.
María Marta Martínez Jiménez.
Doctoranda. Técnico Superior de Prevención de Riesgos Laborales. Investigadora del LARPSICO
Universidad de Jaén.
1.
Los datos del problema. En esta página venimos insistiendo en la importancia que adquiere el paradigma de la OMS relativo a “Una sola salud” para hacer confiable el derecho a una protección lo más eficaz posible del estado de equilibrio físico, psíquico y social de las personas. Un derecho que pasa por proteger y promover la salud no sólo de las personas en sí, sino también de sus entornos, más próximos y también los más distales, lo que incluye su ambiente externo o ecológico (recuérdese que viene de Oikos, casa). Por eso, el ambicioso concepto de salud de la OMS, que viene estableciendo una identificación que va más allá de la ausencia de enfermedades (o accidentes), desborda con mucho el enfoque de gestión personal e individual, para ligarlo a una visión de entorno, esto es, asociada a los varios ecosistemas del planeta. Por lo tanto, debe primarse una visión integral y una acción colectiva, de modo que el bienestar humano pasa por el propio bienestar animal y planetario.
De ahí la importancia que los llamados Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) otorgan a la mejora de la salud, planteando que no hay salud humana sin la del planeta ni viceversa. Emergencia climática, pérdida de biodiversidad, fenómenos meteorológicos extremos (altas temperaturas, incendios, inundaciones recurrentes y sequías severas…), contaminación de aire y aguas, etc. impactan de forma directa y muy significativa en la aparición y propagación de enfermedades, sí, pero también deprime el estado de salud de un buen número de personas. Pese a la evidencia y convicción de los ODS y la Agenda 2030 la evaluación intermedia (2025) de esta interacción entre salud y desarrollo sostenible no es nada halagüeña. En realidad, el problema va a más, igual que va a más el calentamiento global a raíz el cambio climático antrópico, eso es, el que conocemos hoy por el papel tan activo del modelo humano de satisfacción de sus necesidades materiales, centrado más en teconomías extractivas y de acumulación de beneficios (capital) que en una creación, para luego su distribución, equitativa y sostenible de la riqueza creada.
Un dato. El año 2023 la exposición a las altas temperaturas costó en todo el mundo más de 700.000 vidas, de las cuales, 7 de cada 10 (70%) de esa mortalidad se atribuye de forma directa al cambio climático causado por ese modelo de producción de la vida humana. Este dato figura, entre otros muchos, en la nueva (décima) edición del prestigioso informe The Lancet Countdown. Sin duda, se ha convertido ya en el análisis de referencia mundial para establecer, en términos científicos, la relación entre el calentamiento global, en cifras récords hoy y los problemas de salud. De ahí que se proponga a la OMS la creación de un instrumento para abordar los impactos del calentamiento de forma coordinada, como sucede con las pandemias
Para las casi 150 personas investigadoras de más de 100 instituciones científicas que participan en el Informe, ordenado a su vez en 54 indicadores de los impactos en la salud y los sistemas de atención sanitaria de la emergencia climática actual:
“las amenazas a la salud y la supervivencia de las personas han alcanzado niveles sin precedentes (acelerándose) en la última década respecto a la anterior”.
2.
Unos buscan soluciones, otros tratan de obstaculizarlas. Por eso consideran que la declaración institucional de emergencia climática, que ya reconoce la Unión Europea, debería transformarse, o concretarse también, pero ahora a nivel mundial, en “una emergencia de salud mundial”, correspondiendo a la OMS tal tarea y su articulación. No solo institucional o teóricamente, sino también para que sirva a fines de una decidida acción práctica a través de estrategias, políticas e instrumentos globales, no solo regionales o estatales, si se quiere que sean eficaces.
En realidad, sería trasladar a estas situaciones un mecanismo análogo al que ya existe para las pandemias, cuando se trata de una sola enfermedad por virus o bacterias. La cuestión aquí es que no se trata de una única enfermedad, sino de múltiples, ni tampoco de un único factor o vector, sino múltiples, si bien asociados a un mismo proceso global, la emergencia climática. Los beneficios, se insisten, no sería solo para las personas, también para las empresas y para la economía en general, porque esta emergencia reduce de forma relevante la productividad laboral, además de causar muchas más pérdidas económicas. Por ejemplo, solo en 2025, la economía mundial perdió 1,07 billones de dólares por la pérdida de productividad de las personas trabajadoras
No es puntual el problema, ni menos. Es el tercer año consecutivo en que las pérdidas superaron el billón de dólares (o de euros). La agricultura y la construcción, dos sectores con empleos mayoritariamente al aire libre, concentraron la mayor parte de las pérdidas, con un 38% y un 29% respectivamente. Un problema que debe convivir con la escasez de mano de obra en ambos sectores.
Las consecuencias son de gran magnitud. Sin embargo, aparecen muy difusas. Lo que tampoco es casual:
“La industria de los combustibles fósiles ha promovido la desinformación y ha ralentizado las acciones que debemos tomar para proteger la salud y la supervivencia de los seres humanos” (Romanello, El País, 28 de ocubre de 2026).
3.
Valoración. Es una evidencia científica que el cambio climático y la degradación ambiental han alterado ya significativamente los patrones de salud pública a escala global. El tiempo no hará sino agravarlos. La cuestión central no es ya acumular más evidencia para constatar lo que ya se sabe, sino que el interés debe desplazarse a la acción, para la corrección de esos efectos y para su prevención hacia el futuro. Por supuesto, no se trata ya solo de que los/as profesionales de la salud, pública, también laboral, como agentes de salud y de cambio, deban capacitarse para comprender esta interacción y actuar frente a estos efectos. La clave real está en que los propios sistemas de salud y sus políticas estén en condiciones de definir estos enfoques, fijar objetivos y poner los medios para lograr que la salud humano-planetaria no sea solo una preocupación actual, un quehacer profesional y científico, sino un imperativo ético-normativo, y socioeconómico, a actualizar, porque esté en las prácticas y usos cotidianos de sus instrumentos de acción. Actualizar ese gran paradigma de Una sola Salud es una condición necesaria para construir sistemas de salud, pública y laboral, adaptados y equitativos para las generaciones de hoy y, sobre todo, para las de mañana (Estado de bienestar eco-social activo al servicio de la solidaridad entre las generaciones).