Cobalto, wolframio, litio, níquel, tierras raras… ¿es confiable una transición verde que fomenta el retorno al trabajo en la minería?
Cristóbal Molina Navarrete.
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social.
Universidad de Jaén.
1.
¿Puede la geopolítica “resucitar” la industria minera y convencernos de su sostenibilidad ambiental? No hay duda de que el mayor referente, en términos de pionera y más ensayada experiencia práctica, de la transición verde socialmente justa la representa el cierre de numerosas minas de carbón y otros minerales por su contribución, como clara expresión de la economía fósil, a la degradación ambiental, sin perjuicio de la constatación paralela de su continuada pérdida de rentabilidad. La historia de numerosos, largos y muy intensos conflictos, así como de “convenios de transición justa” en las cuencas mineras del Norte de España, pero también del Sur, son una prueba viva de esta realidad.
Para ofrecer un ejemplo relevante de acuerdo de transición verde socialmene justa en la minería baste traer a colación el ACUERDO MARCO para una transición justa de la minería del carbón y desarrollo sostenible de las Comarcas Mineras. Sobre el que existe un interesante Informe de la Comisión de Minería, del año pasado (13 de noviembre del 2025). No podemos ahora entrar en su contenido, solo interesa evidenciar que en él se confirma que el Instituto para la Transición Justa (ITJ) ya habría tramitado el Plan Social establecido a favor de las personas que trabajaban en esas minas, pagando la práctica totalidad de las ayudas comprometidas con el personal de minería de unidades de producción de carbón, al amparo del citado Acuerdo Marco 2019-2027.
Paradójicamente, la actualidad se plaga de noticias de diferente tipo que evidencia una suerte de resurgir de la minería para contribuir a la “transición verde”, así como, se dice, para la industria militar, ante el nuevo “ardor guerrero” mundial. No se trata de reabrir minas de carbón. En este momento lo que se promueve es tanto la búsqueda como la explotación de metales y “tierras raras” (el nombre común de 17 elementos químicos metálicos que hoy serían centrales para las tecnologías digitales y las energías renovables, por su alta conductividad eléctrica y magnética): cobalto, cobre, níquel, wolframio, litio…
Consecuentemente, estas materias primas serían cruciales en la carrera actual por completar primero el “puzle energético” de nuestro tiempo. De ahí que su consideración como nuevas materias primas esenciales para el desarrollo de la economía moderna y sus procesos necesarios de transición digital. Pero, como toda obra humana, más si tiene una significación eminentemente económica, su extracción y procesado crea nuevos riesgos ecológicos, al suscitar problemas en términos de gestión de los residuos radiactivos que genera y la contaminación de recursos naturales que propicia, como en el agua.
No son los únicos riesgos que genera, también de “geopolítica”, en la medida en que impulsa una clara reconfiguración o revisión del “mapa del poder políico”, porque serían pocos los países que disponen de esas materias y, en consecuencia, se convierten en objeto del deseo de los otros, también pocos, países que tienen capacidad político-militar suficiente a fin de controlarlos. Por eso, como se sabe, Estados Unidos tiene tanto interés en controlar Groenlandia, de momento lo está logrando mediante el asentamiento militar incrementando, dada su abundancia de recursos estratégicos como el neodimio y el disprosio. Y por eso, como se conoce igualmente, China (otra vez China, la gran amenaza económica, no militar, de la UE, en tantos frentes, como la automoción eléctrica y el empleo), que posee la mayor parte de las reservas (en 2023, tenía el 97% del mercado de la extracción y el refinado de los elementos, así como del 89% de las aleaciones), está ganando “la carrera -para otros la guerra- económico-tecnológica”. Después de China, destaca Vietnam (22 millones de toneladas), seguidas de Rusia y Brasil (21 millones de toneladas cada una). De nuevo, China es líder hegemónica en su procesamiento, con el 87% (luego Malasia con 12%, y Estonia el 1%).
2.
La UE no quiere quedarse fuera del “mapa de las tierras raras” y busca su nuevo “El Dorado minero” ¿a costa o a favor del pacto verde? Con este crudo escenario para Europa, es evidente que la Unión Europea tenía que reaccionar si no quería quedarse completamente fuera, extramuros, del acceso a tan preciadas materias primas. Por lo que ha trazado una estrategia, que enrevesa más una muy enmarañada “madeja de intereses” que, en última instancia, demanda arrancarle a la tierra nuevas cantidades ingentes de recursos naturales (minerales), para refinarlos en muy sofisticados procesos industriales (unos 3.000 millones de toneladas hasta 2050, estima el Banco mundial). Con lo extraído y refinado se fabricarían millones más de placas fotovoltaicas, turbinas de aerogeneradores (molinos de viento), baterías eléctricas, etc.
La extracción de minerales aparece también en España como parte de la solución (Plan de Acción para la Gestión Sostenible de las Materias Primas Minerales 2026-2030), que incluye medidas en la parte del consumo (reutilización mediante la reparación) y también de sostenibilidad (búsqueda de materiales reutilizables en balsas de lodos y escombreras de antiguas minas). Todo, se dice, en nombre también del pacto verde.
Con esta alimentación de una transición digital más “autóctona” europea, no tan importada, se alimentaría también la ecológica, al reducir la dependencia de la economía fósil, aun con más extracciones naturales. Por supuesto, hay otro motivo que impulsa a la “geopolítica” a esta mirada hacia la “nueva minería” extractiva de recursos naturales (metales y tierras) del Planeta (en tanto se puede hacer también de otros de la galaxia): la industria armamentística (llamada, con más eufemismo que precisión, de defensa), lamentablemente tan en auge en nuestro tiempo, por la presión, en parte real, en parte pretendida, de las grandes amenazas de Rusia para la UE y -aquí sí muy reales- las imposiciones del autoritario presidente de Estados Unidos. La estrategia europea (ej. Reglamento de la UE Critical Raw Materials Act), recientemente asumida e impulsada también por un Informe (20266) del Parlamento Europeo (aprobada con 470 votos a favor, 83 en contra y 108 abstenciones), pasaría, en cierta medida, no solo, claro, por “reabrir las minas”. Unas minas que, con gran paradoja, incluso contradicciones, tras décadas cerradas po su papel de degradación ambiental, ahora emergerían como uno de los salvavidas del continente para recuperar parte de su competitividad perdida frente a otras zonas del planeta, menos explotadas y con menores exigencias medioambientales.
¿La geopolítica, pues, mandaría sobre lo ambiental? Para el ponente del Informe, a partir de las exigencias de seguridad y soberanía: “Las materias primas críticas se han convertido en la moneda del poder geopolítico”.
A tal fin, la Comisión pretende para 2030 que:
- al menos el 10% de su consumo anual debe salir de minas situadas en la UE
- el 40% debe procesarse en el continente y
- al menos el 25% ha de proceder del reciclaje de materiales.
Para cumplirlos, la Comisión seleccionó 47 proyectos estratégicos (entre ellos varios en España): 23 en el área de la extracción, de los cuales 12 agregan plantas de refinado. Otros 13 para el procesado del mineral. Oras 13 minas se impulsan fuera de la UE. Para la Comisión minas (sector primario extractivo) y plantas (industria) deben ir al unísono, pues sin la materia prima carece de sostenibilidad la industria del refinado. Aunque la investigación en reciclaje y sustitución de estos elementos es crucial para reducir la dependencia de su extracción y mitigar los impactos ambientales asociados, una pequeña parte de la propuesta va par el reciclado.
Imagen extraída de Ecología Verde
3.
Y con el resurgir minero, nuevos conflictos ambientales judicializados: ¿nuevo señuelo ecológico que encubre renuncia verde? En breves fechas, la Comisión deberá anunciar una segunda ronda de proyectos. Este nuevo afán minero está llamado a generar nueva conflictividad, tanto social como ambiental. Muchos recuerdos sobre accidentes de trabajo y los problemas de sostenibilidad ambientan hacen acto de presencia y afloran. De inicio, la ONG Ecologistas en Acción denunció ante el Tribunal General de la UE seis de los siete proyectos españoles elegidos en la primera ronda (todos los que incluyen explotación minera). A su juicio, no cumplirían los criterios de sostenibilidad integral, esto es, ambiental, social y de gobernanza exigidos por el citado Reglamento europeo.
Que existen deficiencias o carencias parece evidente. En especial, en el ámbito del reciclaje (la producción de estos dispositivos tecnológicos genera un enorme volumen de “basura digital” que no se recicla convenientemente y, a veces con la etiqueta de productos reutilizables, termina en los lugares más insospechados, a menudo en país del Tercer mundo) ya el Tribunal de Cuentas de la UE señaló sus reparos, en un informe publicado el pasado abril. Asimismo, dudaba muy seriamente de su eficacia, evidenciando que era más un “quiero y no puedo”. Así, además de por motivos burocráticos y por falta de inversión, sus reparos venían de la constatación de un riesgo de incurrir en un “círculo vicioso”, pues, a su juicio, “la falta de suministro frena el desarrollo de los proyectos de procesamiento, lo que a su vez reduce el impulso para garantizar el suministro”. Por su parte, los proyectos estratégicos, en su mayoría, es “muy improbable que contribuyan de manera significativa a los objetivos de 2030”.
En este escenario de dudas y controversias, en varios de los pueblos asociados a los citados proyectos se han organizado para protestar contra ellos y pedir de los poderes públicos que los paralicen. Otros pueblos, también fuera de nuestro país, se resignan a su suerte, bajo la presión constante de que sin esos proyectos de vuelta de las “minas” no hay futuro para el pueblo. De nuevo, pues, se enfrentarían lo económico con lo social, en este caso en nombre de una sostenibilidad ambiental real, no solo de salón. Lo más inquietante es que, como constata, con pesimismo, Ecologistas en Acción, el relato socioambiental comienza a cambiar en el actual escenario geopolítico y político-ideológico en sí
“El lobby ha trabajado intensamente, sobre todo en el ámbito europeo, para que la minería dejara de verse como una cuestión económica y se convirtiera en una cuestión de seguridad nacional, de geopolítica, supraordinaria. Y ese discurso ha calado” (El País, 26 de septiembre de 2026).